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Pakistán declara la guerra al Talibán tras ruptura del alto al fuego
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Pakistán declara la guerra al Talibán tras ruptura del alto al fuego

Pakistán declara la guerra al Talibán tras la ruptura de la tregua y el intercambio de ataques aéreos en la frontera. La escalada amenaza la estabilidad regional.

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La precaria tregua entre Pakistán y el régimen talibán en Afganistán se rompió este jueves, desencadenando un intercambio de fuego, bombardeos y reportes de víctimas mortales. La escalada llevó al ministro de Defensa pakistaní, Khawaja Asif, a declarar abiertamente la guerra contra el gobierno talibán.

"Nuestra paciencia ha llegado a su límite", escribió Asif en la red social X, confirmando la ruptura del cese al fuego. El conflicto se intensificó con ataques aéreos del ejército pakistaní sobre Kabul y otras dos provincias afganas. Según un vocero del gobierno afgano, se escucharon al menos tres explosiones en la capital, aunque hasta el momento no se han confirmado víctimas. Por su parte, el vocero talibán, Zabihullah Mujahid, denunció que Pakistán también atacó las provincias de Kandahar y Paktia, ubicadas en el sureste del país.

Dos altos funcionarios de seguridad pakistaníes informaron a la agencia de noticias AP que el ejército de Pakistán llevó a cabo ataques aéreos dirigidos contra lo que describieron como instalaciones militares afganas en Kabul, Kandahar y Paktika, afirmando haber destruido dos "bases de brigada". En respuesta, Afganistán declaró haber lanzado un ataque transfronterizo dentro de Pakistán, como represalia por los ataques aéreos pakistaníes en zonas fronterizas. Los talibanes afirman que dicho ataque pakistaní se produce unos cuatro meses después de que se declarara un cese al fuego entre las partes, cuando decenas de personas murieron en los combates.

La frontera entre Afganistán y Pakistán, conocida como la Línea Durand, ha sido históricamente una fuente de tensión. Trazada en 1893 durante el Imperio Británico, la línea divide a las tribus pastunes, generando disputas territoriales y acusaciones mutuas de apoyo a grupos insurgentes. Pakistán acusa a Afganistán de albergar a militantes talibanes que llevan a cabo ataques en su territorio, mientras que Afganistán denuncia incursiones militares pakistaníes en su espacio aéreo y violaciones de su soberanía. El gobierno pakistaní, que ha lidiado con sus propios grupos talibanes (Tehrik-i-Taliban Pakistan o TTP), considera que la inestabilidad en Afganistán alimenta el terrorismo en su propio país. La región fronteriza es propensa al contrabando, tráfico de drogas y actividades de grupos militantes, lo que complica aún más la situación.

La declaración de guerra de Pakistán representa una escalada significativa en las relaciones entre ambos países. Si bien las escaramuzas fronterizas han sido frecuentes, un conflicto abierto podría desestabilizar aún más la región, con consecuencias impredecibles para la seguridad regional y global. El aumento de la violencia podría desencadenar un flujo de refugiados hacia Pakistán, exacerbando la ya tensa situación económica y social del país. Además, la participación de actores externos, como China o Estados Unidos, podría complicar aún más el panorama.

Las raíces de esta escalada se encuentran en décadas de conflictos y desconfianza mutua. Tras la invasión soviética de Afganistán en 1979, Pakistán se convirtió en un refugio y base de operaciones para los muyahidines, incluyendo a los talibanes. Tras la retirada soviética y la posterior guerra civil afgana, los talibanes tomaron el poder en 1996, estableciendo un régimen fundamentalista que Pakistán apoyó inicialmente. Sin embargo, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001 y la invasión estadounidense de Afganistán, Pakistán se vio presionado a colaborar con Estados Unidos contra los talibanes, aunque mantuvo una relación ambivalente con ciertos elementos del grupo. Esta compleja historia de alianzas cambiantes y lealtades divididas ha sembrado la semilla de la desconfianza actual y contribuye a la volatilidad de la región.

Las implicaciones de esta declaración de guerra son profundas y multifacéticas. En primer lugar, amenaza con desestabilizar aún más una región ya volátil, lo que podría conducir a un aumento del extremismo, la violencia y el desplazamiento de personas. Un conflicto prolongado podría tener graves consecuencias humanitarias, tanto dentro de Afganistán como en Pakistán, con un posible aumento de la inseguridad alimentaria, la falta de acceso a la atención médica y el desplazamiento masivo de poblaciones. En segundo lugar, la escalada podría socavar los esfuerzos de paz y reconciliación en Afganistán, lo que dificultaría aún más la construcción de un estado estable y funcional. En tercer lugar, la crisis podría tener repercusiones geopolíticas significativas, atrayendo la atención y la intervención de potencias regionales y globales, lo que podría complicar aún más la situación.

El futuro inmediato se presenta incierto. La escalada militar y la retórica beligerante sugieren que la violencia podría intensificarse en las próximas semanas. Se espera que el Consejo de Seguridad de la ONU celebre una reunión de emergencia en los próximos días para abordar la situación. Paralelamente, Pakistán ha solicitado una reunión bilateral de alto nivel con representantes del gobierno afgano en Islamabad antes del fin de semana, con el objetivo de explorar posibilidades de desescalada. No obstante, dada la profunda desconfianza entre ambas partes, las perspectivas de un diálogo fructífero son limitadas. El riesgo de una guerra prolongada es real y la comunidad internacional observa con creciente preocupación.

Fuentes: Ynet - Noticias

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Este artículo fue elaborado por la Redacción de Noticias de Israel con asistencia de herramientas de inteligencia artificial para traducción y redacción, bajo supervisión editorial humana. Conoce nuestra política editorial.

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